Esta entrada se la debo a dos personas, a Dídac Segura y a Francisco Escuderos, quienes me han proporcionado las cuatro garrapatas que se pueden ver en la imagen número 1. Los dos ejemplares de la izquierda, dos hembras, me los dio Dídac Segura, biólogo y adiestrador de perros. Y tienen su origen en Granollers. En esta época le llegan perros infestados de garrapatas. Y los dos ejemplares de la derecha, una hembra y un macho, me los dio Francisco Escuderos, compañero de trabajo. Realizó una inspección en una vivienda particular de Igualada que se encontraba infestada por estos ixódidos (orden Ixodida). El origen de la plaga, lógicamente, era el perro de la casa.

Las cuatro garrapatas llegaron a mis manos durante la misma semana. Y lo bueno del caso es que todas pertenecían a un mismo género, al Rhipicephalus. Con toda seguridad, pertenecen a la especie Rhipicephalus sanguineus, la más extendida en la Península Ibérica entre los perros y conocida como garrapata común del perro [1]. De hecho, esta garrapata es la que tiene mayor distribución a nivel mundial, puesto que va ligada a la distribución de estos animales. Aunque tiene preferencia por los perros, puede buscar la sangre de otros mamíferos. Esta especie se puede diferenciar fácilmente de otros géneros habituales como Dermacentor, Hyalomma o Ixodes, gracias a que tiene un aparato bucal más corto y ancho.

Como se puede ver en las imágenes, el adulto de Rhipicephalus sanguineus mide unos 4 milímetros. La hembra es un poco mayor que el macho. Pero cuando esta se pone a ingerir sangre, su tamaño es entonces enorme llegando a medir 10 milímetros de largo. Es mucha la energía que debe almacenar, ya que tiene que realizar una puesta de varios miles de huevos a razón de unos 200-300 huevos por día. La imagen de una hembra realizando la puesta es como si esta hubiera explotado. Un caso espectacular producido por esta garrapata es que un buen día podemos encontrar la cabeza del perro infestada por una multitud de larvas. Esto sucede cuando una hembra ha depositado los huevos en la vivienda y no nos hemos percatado. A partir de aquí, se hace necesario desparasitar al animal y realizar un tratamiento en profundidad de la vivienda. Según los manuales, en verano R. sanguineus puede completar su ciclo de vida en tres meses [2].




